Odio a los que transitan por aceras en las que cabrían 5 ó 6 personas más, pero se colocan de tal forma que es imposible adelantarlas. Y no, no son ni gigantes, ni obesos, ni luchadores de sumo, ni nada por el estilo. Y odio también a los que bloquean aceras estrechas (sumando que a la izquierda hay edificios y a la derecha coches, por ejemplo) caminando cuales tortugas sin preocuparse ni lo más mínimo de si la que les roza la nuca, véase yo, quiere pasar. Sin olvidar del que por estas calles estrechas, viéndote de frente, tiene el fantástico impulso de hacer aspavientos con sus brazos con la consecuencia de que su codo acaba en tu nariz. Creo firmemente que en Galicia la gente camina mejor por las calles, aunque sí, vale, también hay menos gente.
En realidad, hoy me preocupan otras cosas, pero bueno.